Siempre me ha encantado ir a las playas de Acapulco, pero esta vez deseaba tener unas vacaciones más tranquilas y relajantes, lejos del bullicio del resto de los turistas que visitan la bahía, pero sin dejar de disfrutar de las delicias del sol, arena y mar.
Fue así como una amiga me recomendó ir a la playa de la Barra de Coyuca, una de las más extensas que hay en la región.
S e encuentra ubicada al noroeste de la bahía de Acapulco, a unos 30 ó 40 minutos de la ciudad, rumbo a la carretera Ixtapa-Zihuatanejo. Se entra por Pie de la cuesta, una zona también turística y con cierta afluencia de personas. Unos kilómetros más adelante, encontré por fin mi destino.
Cuando escuché por primera vez el nombre de La Barra de Coyuca , no sabía qué imaginar; pero al llegar, vi la razón por la cual esta belleza natural es tan especial. La Barra de Coyuca es una delgada franja de tierra en donde de un lado se encuentra el mar, y del otro, una laguna tropical. ¡Un paraíso de la naturaleza muy poco común!
A lo largo de la franja terrestre, del lado del mar, se encuentran varios restaurantes y clubes de playa, donde ofrecen principalmente mariscos.
Yo me detuve en el restaurante-club de playa “ Villa Rubí ”, el cual se encuentra en el Km.12, es decir, más o menos a la mitad de toda la barra. Gracias al concepto del lugar, pude pasar un día tranquilo, lejos del estrés, y en contacto con la naturaleza.
Después de comer un delicioso pescado a la talla, la especialidad de la región, fui a recostarme en una hamaca, para disfrutar de la brisa y el sonido de las olas del mar. Tuve una pequeña siesta, y no hubo un solo vendedor ambulante que me despertara, ya que estos no se encuentran por el rumbo.
Más tarde, caminé un poco por la playa sobre la fina arena, y pude sentir la fuerte brisa causada por enormes y hermosas olas que reventaban en la orilla con todo su esplendor. Por supuesto que no pude nadar, ya que es mar abierto.
En eso estaba cuando encontré a un hombre que rentaba caballos, así que me subí a uno y tuve un hermoso paseo a caballo por la orilla del mar ¡de ensueño!
Y para un final perfecto, me detuve a apreciar la famosísima puesta del sol, una de las más hermosas del mundo. Fue indescriptible lo que mis ojos vieron.
Fue una experiencia que todos deberían vivir alguna vez.